José Couso
ROSA REGÀS
NUESTRA Justicia funciona mal, según hemos visto en el caso del juez que
no ordenó que se cumpliera la condena contra un hombre que había abusado
sexualmente de su propia hija, con lo cual presuntamente habría podido
evitarse una muerte. Por falta de personal, dicen sus compañeros, y sin
embargo no parece que para dar una orden se precise demasiado personal,
pensamos los profanos.
Pero no sólo funciona mal la Justicia por esos retrasos. Hay otros casos
en los que la maquinaria judicial no actúa tal vez porque pondría en
apuros al Ejecutivo por otras razones diplomáticas que nada tienen que ver
con el delito. Me refiero al asesinato de José Couso por los soldados
estadounidenses, del que se acaba de cumplir el quinto aniversario. Un
hotel, el Palestina, en el corazón de Bagdad, donde se hospedaban los
periodistas y en el que figuraba una gran pancarta avisando a las tropas.
Está claro que dispararon como hacen tantas veces porque sí, por miedo tal
vez, por desidia en cumplir lo que se les ha ordenado o por puro
gamberrismo. ¿No hemos visto bombardeos americanos en una boda en
Afganistán donde mataron a todos los asistentes? ¿No hemos visto cómo
algunos de estos soldados torturaban, humillaban y vilipendiaban a unos
iraquíes sólo por el hecho de serlo? Pues, ¿por qué no creer que uno de
ellos disparó contra un hotel aunque bien claro estuviera indicado que
estaba ocupado por periodistas? No lo dudamos, y todos los testimonios así
lo han declarado. Y sin embargo la Justicia, el Ministerio de Interior,
tampoco cursó las órdenes de detención dictadas por el juez Pedraz en
octubre de 2005 para que el Ministerio de Exteriores la enviara a
Interpol. Resultado: los tres soldados norteamericanos culpables -Thomas
Gibson, que disparó; el capitán Philip Wolford, que dio la orden, y el
superior de ambos, coronel Philip DeCamp- han recibido como premio de su
Gobierno una medalla. Es natural que la familia y amigos de José Couso
estén indignados con la Justicia española y con su fiscal general, como lo
estaban con el fiscal general del Gobierno anterior, del PP.
Sea esta breve nota un mensaje de solidaridad a la familia Couso para
compartir con ella su dolor y su decepción. Y también a las familias de
los periodistas muertos en la batalla Juantxu Rodríguez (1989, Panamá);
Jordi Pujol Puente (1992, Sarajevo); Julio Fuentes (2001, Afganistán);
Julio Anguita (2003, Bagdad) y Ricardo Ortega (2004, Haití).
Es nuestra memoria la que los mantiene entre nosotros mientras esperamos
reconocimiento y justicia para todos.